La gravedad del planeta tira del satélite todo el tiempo — ¡nunca deja de tirar! Pero el satélite también se mueve muy rápido hacia los lados.
Si va lento, la gravedad gana y lo trae de regreso hacia abajo. Si va muy rápido, se escapa. Pero si va a la velocidad justa, pasa algo genial: cuando la gravedad por fin lo jala hacia abajo, la superficie curva del planeta ya se movió y "desapareció" debajo de él.
Entonces el satélite sigue cayendo... y cayendo... pero nunca llega a tocar el suelo, porque el planeta siempre se le adelanta. Eso es estar en órbita: caer para siempre, fallándole al planeta una y otra vez.